El origen de la Odontología

Ya los egipcios en el 3000 aC ya incrustaban piedras preciosas en los dientes y tres siglos después en China, se utilizaba la acupuntura para tratar el dolor asociado a la caries dental. Y qué decir de la Antigua Roma donde el cuidado bucal fue siempre muy importante. Pero los dentistas como los conocemos hoy aparecieron en la Francia del siglo XVIII.
Hasta ese momento la boca no tenía grandes cuidados. De hecho el cuidado normal era frotar los dientes diariamente con un trapo, pero si aparecía el dolor y las pociones no lo calmaban, la solución era extraer la pieza problemática.
La extracción dental antes de la consolidación de la odontología era una forma de entretenimiento público, igual que las ejecuciones. De ello uno de los personajes más conocidos de París en el XVIII era Le gran Thomas un sacamuelas que ejercía su función en Pont Neuf. En su letrero se leía:
Dentem sinon maxillam – El diente y si no, la mandíbula.
Será a partir de 1720 cuando un grupo de personas con conocimientos de cirugía se empiecen a llamar a sí mismos dentistas ofreciendo servicios variados como calzas, blaqueadores, ortodoncias,… Aunque tendremos que esperar hasta fines del XVIII para que haga su aparición otro gran avance en esto de los dientes.
Un cirujano parisino, Nicolas Dubois de Chémant, pensó que podían hacerse dientes de porcelana en vez de las prótesis de su momento realizadas con dientes humanos o de animales y que provocaban una desagradable halitosis en la boca de quien los llevase. En 1789 y contando con la fábrica de porcelana de Sèvres lo hizo realidad: aparecieron los “dientes incorruptibles”.